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    DON´T TAP THE GLASS BY TYLER, THE CREATOR

    El pasado 21 de julio de 2025, el rapero Tyler, the Creator, lanzó un nuevo material
    discográfico de nombre Don´t Tap the Glass, siendo este el sucesor del tan aclamado
    CHROMAKOPIA el cual se editó hace menos de un año.

    Lo nuevo de Tyler, es más accesible, más frenético en lo lírico y posee una producción salvaje resultado de samples adictivos y grandilocuentes, teniendo como producto final una producción sólida, fresca y adictiva que reafirma a Tyler, the Creator como uno de los músicos más sobresalientes de los últimos 10 años.

    Tyler, the Creator inició su carrera musical en 2007 como cofundador del colectivo
    alternativo de hip hop Odd Future, un grupo que rápidamente llamó la atención por su
    energía irreverente y sus propuestas fuera de lo convencional. Su primer álbum en solitario, Bastard (2009), lo posicionó como una voz disruptiva dentro del rap underground, y con Goblin (2011) alcanzó proyección internacional, consolidándose como un artista capaz de generar conversación tanto por su estilo crudo como por su visión artística.

    Desde sus inicios con el colectivo Odd Future, su estilo provocador y experimental rompió
    moldes dentro del hip hop, mostrando que podía ser irreverente y profundamente creativo al mismo tiempo. Con discos como Goblin y Wolf, Tyler desafió los límites sonoros y
    narrativos del género, abriendo paso a una generación de artistas que entendieron el rap no solo como un vehículo de rima y ritmo, sino también como un espacio de autenticidad y
    exploración personal.

    A lo largo de su carrera, Tyler ha trascendido la música para convertirse en un referente
    cultural que mezcla rap, producción, diseño y moda. Su evolución artística, reflejada en
    álbumes aclamados como Flower Boy e Igor —este último ganador del Grammy a Mejor
    Álbum de Rap—, ha demostrado que el hip hop puede dialogar con géneros como el soul,
    el funk o el pop sin perder fuerza lírica.

    Con su más reciente álbum, Tyler no se distancia de esa grandiosidad que lo ha seguido en
    los últimos lanzamientos. Fue con Igor cuando Tyler, the Creator recibió una ovación a la
    par tanto de críticos como de músicos; el resultado de dicho álbum fue una obra
    sobresaliente que catapultó al autor de “EARTFQUAKE” a lo más alto. La inventiva que
    tiene Tyler como autor es su carta de presentación que refleja a un artista inquieto, con
    ganas de reinventarse las veces que pueda y que siempre está en una búsqueda de sí mismo, y es que quizás ahí radica uno de los puntos más sobresalientes de Tyler como autor, en esa reconversión artística que suele hacer en cada era, alternando entre distintos alter ego y explorando capas de su personalidad a través de sus letras reflexivas.

    Es por ello que, con el nuevo álbum, nos encontramos con algo bastante interesante desde
    los primeros minutos del producto y es que, esa introspección del ser por parte de Tyler se
    distancia para esta obra; alejándose de esa inquietud interna por explorar sus demonios, en esta ocasión Tyler confecciona y elabora una producción más atrevida que, se inclina por completo en lo externo, en el movimiento. Desde la primera canción el compositor lo deja en claro, “No te quedes quieto…baila, hermano” es la orden que abre este recopilado de 10 canciones, que en conjunto forman una obra que no alcanza los 30 minutos de duración, pero a pesar de ello logra ser un acto sónico ágil, atrevido, feroz y que en todo momento esta en constante movimiento sin perder ese frenesí rítmico.

    La producción, íntegramente a cargo de él, es quizá lo más destacado del disco. Tyler toma
    influencias del funk, la electrónica y el house, pero las reinterpreta con su sello
    característico: bajos vibrantes, texturas densas y un diseño sonoro que busca sorprender en cada compás. Los sintetizadores son protagonistas absolutos, con capas brillantes que
    conviven con percusiones crudas, logrando una mezcla que suena contemporánea pero con guiños a lo retro.

    En cuanto al estilo, se nota una intención clara de construir un álbum menos introspectivo y más colectivo. Tyler se aleja de la confesión íntima de Flower Boy o el drama emocional de Igor para ofrecer una experiencia más lúdica y sensual. Aquí predomina la energía del club, con canciones diseñadas para contagiar ánimo, sudor y celebración, lo que refleja otra faceta de su versatilidad como artista.

    En conjunto, Don’t Tap the Glass funciona como un álbum que reafirma la madurez y
    confianza de Tyler en su propio sonido. No busca reinventar por completo su propuesta,
    sino explorar un territorio más ligero y festivo con la misma atención al detalle que siempre lo ha caracterizado. Puede que no sea su trabajo más profundo, pero sí es uno de los más disfrutables, un recordatorio de que la diversión también puede ser arte cuando se hace con la seriedad creativa de un artista en pleno dominio de su oficio.

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